La arquitectura de la Gran Chichimeca

Portada libroReseña

La arquitectura de Mesoamérica y de la Gran Chichimeca, de la doctora Beatriz Braniff C., es un excelente estudio para definir los rasgos en común y las diferencias culturales, las interrelaciones étnicas y lingüísticas, así como los intercambios materiales e ideológicos entre las dos grandes zonas que conformaron el universo indígena en nuestro territorio antes de la conquista española, a saber, la zona de pueblos sedentarios y agricultores, con grandes edificaciones públicas, conocida como Mesoamérica, y aquel territorio montañoso y semidesértico que se extendía hacia el norte del territorio mexicano conocido como la Gran Chichimeca.

Con gran tino en esta publicación, la investigadora del INAH no se detiene en mostrar las similitudes y diferencias en los métodos constructivos de una y otra región, sino que se introduce en el estudio de las concepciones ideológicas y culturales que dieron origen a la conformación tanto histórica como cultural de ambas zonas.

Así, el ensayo se detiene, desde el primer capítulo en la “Regionalización: México en tiempos precoloniales”, para delimitar lo que se conoce como Mesoamérica “nuclear” y la Gran Chichimeca o Chichimecatlalli, conocida así por los mexicas y los historiadores de la Colonia, habitada por los pueblos cazadores y recolectores conocidos genéricamente como chichimecas.

De entrada, la doctora Braniff reconoce que la definición de Mesoamérica está más o menos aceptada por consenso de arqueólogos, antropólogos y arquitectos, en cambio la delimitación de la Gran Chichimeca “se presta a cierta discusión”, pues sus límites o fronteras difieren de una época a otra, de un autor a otro.

Una de las razones que expone la antropóloga para la realización de su análisis es sin duda que si la arquitectura monumental mesoamericana ha concentrado la mayoría de los estudios desde varias disciplinas, “faltan muchos estudios sobre la arquitectura doméstica, popular y rural”. Y añade que “menos aún se ha intentado integrar dentro de nuestro conocimiento sobre el México precolonial todas aquellas culturas que se ubican al norte de Mesoamérica…”.

Beatriz Braniff dedica dos amplios capítulos de su estudio a perfilar las características tanto de la arquitectura de la Mesoamérica “nuclear” como  la de los grupos nómadas, aunque reconoce que en la Gran Chichimeca se hallan pueblos seminómadas que se asentaron como agrícolas y semiagrícolas, que además lograron construir asentamientos urbanos, como en el caso de Paquimé, Chihuahua.

Al menos distingue tres enfoques, en primer lugar, la concepción territorial y cultural de la Gran Chichimeca que existió desde tiempos prehispánicos que la ubicó “al septentrión  de los estados mexica y tarasco, al norte de los ríos Lerma, Pánuco y Sinaloa”. La concepción estadounidense que contempla dicha región como el Southwest, como una región “natural árida”, donde se incluyen los estados de Arizona, Nuevo México y también Chihuahua. En este sentido, el ensayo también aporta las concepciones del enfoque español, posterior a la Conquista, y el enfoque indígena, para delimitar tan  vasto territorio.

En cuanto a las interrelaciones (o intercambios) que existieron entre Mesoamérica y la Gran Chichimeca en tiempos precoloniales explica que “la arqueología ha demostrado que existieron… Una importante y antigua relación fue la introducción al noroeste, en los actuales territorios de Chihuahua, Arizona y Nuevo México, de las plantas más importantes cultivadas en Mesoamérica”, a saber, el maíz, la calabaza y, finalmente, el fríjol.

Otros fueron los intercambios comerciales establecidos por las elites de ambas regiones, de norte a sur viajan la turquesa, concha y abulón, y de sur hacia el norte la guacamaya y las sonajas de cobre, elementos exóticos de carácter ritual. También la autora detallas los múltiples intercambios ideológicos, como el diseño de la Xiuhcoatl y el uso del tezcacuitlapilli, o disco de cintura, que son dos elementos que viajan de sur a norte.

Después de revisar ampliamente los procesos arquitectónicos y constructivos de Mesoamérica y la Gran Chichimeca, la doctora Braniff concluye que si bien la primera es un área cultural, “cuya base económica siempre fue la agricultura, la segunda no lo es, pues allí vivieron grupos con diferentes tipos de subsistencia”, la misma que moldeó una arquitectura adaptada a los elementos naturales y a los cambios climáticos o históricos.

Así, en función de su desarrollo cultural y agrícola, la autora propone en Mesoamérica los territorios de “origen olmeca” y “los del Occidente”. Dentro de la Gran Chichimeca destaca “la Mesoamérica chichimeca, al sur (un territorio que fue colonizado por grupos mesoamericanos)” y “el Noroeste, hacia el septentrión, que incluye porciones de Estados Unidos, cuyo desarrollo cultural es local”.

Además de una vasta bibliografía consultada, el libro incluye casi 300 páginas de un “Álbum de ilustraciones”, que incluye mapas, dibujos, croquis, ejemplos de códices, cerámica, lítica, pintura mural y rupestre, fotografías, que ejemplifican ampliamente los conceptos vertidos en el ensayo.

Esta publicación del INAH, se suma a los múltiples ejemplos de la amplia influencia que la obra de la doctora Beatriz Braniff ha tenido durante muchos años para la comprensión del antiguo norte mexicano.

Autor: Beatriz Braniff Cornejo
Edición: Instituto Nacional de Antropología e Historia
Año de publicación: 2010
ISBN: 978-607-484-141-1
497 pp.

Esta entrada fue publicada en De todo como en Bótica (Curiosidades de Querétaro), Querétaro en la Cultura y etiquetada , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario