La vaquita marina en el Mar Cortés

Por Jorge Lara Tovar

 En el Mar de Cortés, ese pequeño brazo de agua separado del océano Pacífico por la península de la Baja California, vive una gran diversidad de fauna y flora marinas que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta.

Apenas a 200 metros de la costa, en el fondo marino, se encuentran una gran variedad de estructuras geológicas. Cañones y montes submarinos de hasta de tres mil metros de profundidad. En medio de ellos, sin que el hombre se enterara de su existencia habitó durante años un pequeño cetáceo: la “vaquita marina”.

Pasado enigmático

En 1958, Kenneth S. Norris, precursor de la mastozoología marina, durante un viaje de investigación por la costa de Baja California, encontró un par de cráneos aparentemente de un animal marino. Después de revisarlos con detenimiento se percató de que no correspondían a ninguna de las especies descritas con anterioridad. De cualquier manera y por su semejanza con los cetáceos, la catalogó como Phocoena sinus.

Durante casi treinta años su aspecto externo y su existencia misma fueron un misterio. Sólo hasta 1987 se recuperaron varios ejemplares vivos y se concluyó con certeza que esa especie era única en el mundo, aún cuando estaba emparentada con las enormes ballenas.

La vaquita marina fue entonces clasificada entre los llamados cetáceos de bahía, cetáceos de puerto  o marsopas. Mide aproximadamente 1.55 metros, tiene dientes aplanados, presenta manchas oscuras alrededor de los ojos, posee una aleta dorsal en forma triangular, su hocico es redondeado y sólo pesa 55 kilos.

La dificultad para encontrarla se explica por su carácter tímido  que le lleva a ocultarse en cuanto se acerca un barco y porque siempre viaja en grupos muy pequeños. Las causas de su escasa población se encuentran en que su longevidad es de 10 años y  las hembras sólo dan a luz una cría al año, a partir de que alcanzan su madurez sexual al cumplir 5 años de vida.

Vida amenazada

En 1991, el Comité para la Situación de la Vida Silvestre en Canadá dio el grito de alerta para evitar la extinción de las marsopas de puerto. En casi todos los países donde habita se estaba acabando con ellos. México hizo eco de este llamado y, dos años después, las aguas del Mar de Cortés fueron declaradas Reserva de la Biósfera. Se buscaba proteger a la vaquita y otras especies altamente vulnerables como la Totoaba, un pez de gran talla y de alto consumo en las cocinas asiáticas.

Las redes utilizadas para capturar la Totoaba han sido durante muchos años el mayor enemigo de las vaquitas marinas. Presa en estas trampas la vaquita no puede subir a respirar a la superficie y muere ahogada. Las redes utilizadas para capturar el camarón y los tiburones son otra trampa mortal cuyo uso no está regulado en aguas mexicanas.

Esfuerzos de conservación

Los trabajos conjuntos de investigadores mexicanos, canadienses, norteamericanos y europeos a través de instituciones como el Comité Científico de la Comisión Ballenera Internacional, la Sociedad Costeau, la European Cetacean Society, el Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita y el Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza, entre otros, han logrado que se tomen medidas para evitar la extinción de esta especie.

La parte medular de la estrategia se resume en cuatro puntos:

  • Reducir a cero la muerte de la vaquita provocada por los pescadores.
  • Crear un orden pesquero que delimite claramente la extensión y ubicación de una zona de protección.
  • Aplicar la ley o norma mexicana que protege desde 1993 a esta especie.
  • Generar alternativas redituables de trabajo para los pescadores de la región.

En 1999, después de exhaustivos recorridos por toda la zona, grupos de oceanógrafos de la Universidad Nacional Autónoma de México contaron 557 vaquitas marinas y también documentaron la muerte de 80 de ellas en las redes de los pescadores. Para enero de 2009, las estimaciones más optimistas señalaban la existencia de únicamente 150 vaquitas. El día de hoy su número es incierto.

La extinción de las especies y Darwin

Se habla de peligro de extinción de una especie cuando existe el riesgo de que ésta desaparezca por completo de la faz de la tierra. Durante la larga historia de nuestro planeta se han registrado muchas extinciones causadas por cambios climáticos, por sequías, por inundaciones, por “causas naturales”. Pero en los últimos años la desaparición de flora y fauna tiene una causa directa: la actividad humana.

Charles Darwin, el célebre naturalista inglés, después de recorrer las costas de América del Sur y las Islas Galápagos, escribió: “Hay grandeza en esta visión de la vida, mientras este planeta ha ido girando de acuerdo a la ley de la gravedad, desde un origen tan sencillo, han evolucionado y siguen haciéndolo, una infinidad de las formas más bellas y maravillosas”.

La naturaleza ha hecho de las aguas del Mar de Cortés un santuario ballenero, hasta donde los grandes cetáceos viajan para reproducirse y tener sus crías, sería terriblemente paradójico que se convirtiera en el cementerio del más pequeño de ellos: la vaquita marina.

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Una respuesta a La vaquita marina en el Mar Cortés

  1. Ajuricaba dijo:

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